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Cumbia Sur Circo en Carpa Azul de Valparaíso. “Solo recuerdo la emoción de las cosas”. Antonio Machado

Un par de piernas fuertes y unos pulmones amplios se necesitan para recorrer los recovecos entre los cerros, voy bajando para tomar el trolley, trescientos pesos es barato para un recorrido por el plano de Valparaíso. El olor a lacrimógena es intermitente, se agudiza en torno a la Plaza de la Victoria. Hay tanto comercio informal por todas las veredas y en cada bandejón, me pregunto si son más las personas con sus necesidades vendiendo todo tipo de cosas que los turistas paseando. Tantas historias rondando en las diferentes subidas, un italiano vendiendo café nos cuenta que el vendedor del periódico ha perdido a su compañera de vida hace poco y los vecinos para subirle el ánimo han pintado el rostro de ella en el kiosko, es un viejo tan querible, tan amable como el puerto.   La alegría del entorno es tan apropiada para el circo, el grupo que me acompaña bromea, toma fotos, comentan lo hermoso de cada muralla pintada, de cada persona barriendo la calle o saludando porque sí. Llegamos ayer y nos vamos mañana, tenemos que comprar los últimos elementos para completar la utilería de nuestro espectáculo que se presentará al atardecer, el tiempo pasa al ritmo de nuestros ojos llenos de mar y cumbia.   En Carpa Azul nos esperan a almorzar, el Chef Rodrigo y sus colaboradores han preparado un menú vegano tan variado y colorido como las ropas de la obra que presentaremos, los sabores de los humus y las salsas, el olor del pan recién horneado, nos dan la energía necesaria. Cuando termina el ensayo general y los técnicos afinan los últimos detalles detengo la mirada en el dueño de casa, el líder que limpia por última vez el tatami antes de la función, con su gesto de servicio nos indica el camino, aquí todo lo hacemos entre todos. Nos deja la vara alta para cuando nos toque recibirlos. Estamos contando a los invitados, el frescor de la tarde y los trozos de sandía circulan mientras se maquillan los artistas, la carpa está a su máxima capacidad, por una hora se olvidan las penas y bailamos y nos reímos de la contingencia en las improvisadas salidas de libreto de los payasos, los niños comen naranjas y otra vez el tiempo pasa al ritmo de otros ojos llenos de luz.   Ha llegado la hora de cantar en torno al fuego, los que se han quedado comparten contentos, satisfechos por este nuevo nudo en la red. Que grato es hacer lo que a uno le gusta.  

Teresa Muñoz.